En ocasiones lo único que nos queda son las posibilidades. Por eso consumimos tanto entretenimiento. Reconocernos en las vidas de los demás nos hace sentirnos más fuertes y con más ánimo para poder seguir adelante. Nos da esa perspectiva que a veces nos falta a la hora de pelearnos por lo que queremos.

El otro día vi el discurso que dicen que llevó a Barack Obama a la presidencia. Me pareció algo simple en cuanto a mensajes, pero eso sí, directo a la médula. Seguramente lo que necesitaba su país tras los años de George W. Bush al mando.

 

 

 

A la gente le llega. Y eso que habla de lo mismo de siempre cada vez que hablan de las bondades de USA. Esa tierra de los sueños. Los yanquis sí que saben de historias. Han sabido vendernos a todos que la suya es la tierra de las posibilidades, el lugar donde lo que quieres puede pasar. Es una lástima que con Trump este “sueño” se haya acotado a solo unos pocos. Algo que creo que va en contra de su propia identidad, de su historia, de la imagen que se han ido forjando a golpe de película entusiasta, y también de algunos casos reales, la historia de todos esos emigrantes que lo primero que veían desde el barco era la estatua de la libertad recibiéndoles. “Bienvenidos estáis invitados a triunfar”.

Inmediatamente después de ver este discurso, vino a mi cabeza una actuación de British Got Talent. Creo que es la historia en mayúsculas de este programa. Recorrió redes y a muchos hizo que se nos saltara una (o más de una) lagrima.

 

 

¿Por qué nos conmueve tanto la historia de esta señora? Susan Boyle es la Cenicienta, el Patito feo de los concursos de talentos. Su ropa, su edad, su forma de hablar y sobre todo, los gestos que durante la entrevista inicial hacen los presentadores y el público. Esa caras de incredulidad, y de “buff, madre mía”, encarnan las dificultades que todo héroe debe pasar para conseguir su meta. Sin esas caras de desaprobación la historia no sería la misma. No tendría la potencia que tiene. Porque ¿cuántas veces no han creído en nosotros?

Y entonces llega la demostración de que “algo no es lo que parece”. Las caras del público y del jurado van cambiando a lo largo de la canción. Y llega el climax, ese último grito que nos pone la carne de gallina, que abre la boca de la presentadora y que provoca la ovación del público.

Y la resolución de la historia. Ella intenta abandonar el escenario (“es modesta” leemos, lo cual nos gusta más todavía). Y los presentadores se disculpan y ponen nombre a todo lo que ha pasado. Le dan las tres X claro, porque no esperábamos menos.

La verdad es que esta pieza está realizada muy bien. No le falta nada a nuestra historia. Ahora todos creemos que en algún momento y de alguna manera todos podríamos ser Susan Boyle. Porque si ha pasado, es que entonces es posible. Es la misma audacia de la esperanza de la que nos hablaba Barack Obama.