Vengo “cañera”. Aviso.

He estado pensando en las fórmulas mágicas. Sí, hombre, seguro que sabes de lo que hablo. Esas fórmulas secretas que nos quieren vender los nuevos gurús. A veces me recuerdan a esos vendedores de ungüentos que iban por los pueblos del lejano oeste. Su nuevo medio: Internet.

Una vez me dijeron en un curso que tenía que hacer promesas para poder vender. Promesas… He leído unas cuantas últimamente. Algunas las he comprado, y no sé en qué medida se han cumplido. ¿Qué hago? ¿Reclamo por fraude? “Oh, no sé, quizás yo no hice todo lo que estaba en mi mano para conseguirlo”… ¿Será por eso? ¿Lo hice? Yo diría que sí… ¿Entonces? ¿Qué falla? ¿Soy yo? ¿Es mi producto? ¿Es mi target? ¿Es mi marca? ¿Es que no seguí al pie de la letra los pasos que me enseñaron?…

Pasos, métodos, claves… recetas.

¿Acaso son dogmas de fe? ¿En qué medida puede funcionar para todos lo mismos consejos?

Estoy harta de los libros de instrucciones. De leerlos y de que me los pidan. Cuando daba clase de software audiovisual esto era un clásico.

-Profe, yo lo que quiero son tutoriales

Para hacer qué cosa, decía yo.

Cosas chulas, como esas que salen en youtube.

Presión arterial subiendo…

Pero, si ni siquiera sabes utilizar las herramientas más básicas…

Es que eso es aburrido.

Presión arterial subiendo más y más… Respiro.

Ok, dime qué te apetece hacer y lo hacemos en clase juntos.

Vale.

Nunca traían nada…

Para mí, cualquiera de los programas que enseñaba era una herramienta. Lo más importante era aprender a pensar con ellos. Una vez conocidos los principios de esa herramienta, para poder seguir aprendiendo de verdad, lo importante era la práctica. Pero eso ya daba pereza… Yo les planteaba retos y les dejaba intentar solucionarlos. Pero querían conocer el camino antes de haber empezado.

Es que no sé hacerlo…

-No importa, empieza. Prueba. “Guarrea”. Ya conoces las herramientas necesarias para hacerlo, ahora empieza.

-Pero no sé…

– Si ni siquiera lo has intentado…

– Danos un tutorial…

Si llegaban a esta última frase, se podía desencadenar algo parecido a la furia de los dioses, según me pillara el día. Maldita cultura del tutorial. Yo intentaba que comprendieran… Creo que en vacío porque es algo que están “mamando”.

– ¿Tú crees que el que hizo el tutorial de youtube conocía previamente cómo hacerlo? 

E insistía…

– A mí cuando me plantean un trabajo al principio muchas veces tampoco sé cómo realizarlo. Me pongo. Pruebo, me equivoco, empiezo otra vez… hasta que doy con algo que funciona, y siempre, se va mejorando por el camino después. Pero nunca tengo la clarividencia nada más empezar.

Me esforzaba. Supongo que tengo fe en el género humano.

En esto del emprendimiento y el marketing creo que pasa algo similar. No lo sé, yo he leído mucho al respecto, pero luego, cuando yo me pongo no es lo mismo. Nunca puede ser exactamente lo mismo, porque ni tú eres ellos, ni tus circunstancias son las mismas, ni el entorno, ni el momento, ni tu producto tampoco. A ver, no digo que no sea útil escuchar las experiencias de los demás y los aprendizajes que las personas “de éxito” pueden hacer al respecto. Yo creo que es interesante conocer su punto de vista y darle una vuelta. Siempre se puede aprender escuchando a alguien que ha pasado por algo antes que tú. Y me parece que tiene mucho valor cuando esa persona se ha esforzado en estructurar y hacer legible para los demás sus aprendizajes y conocimiento. Lo que digo es que me parece un error tomarse estos consejos como dogma de fe, como algo que no tiene vuelta de tuerca, como algo que no es revisable, como algo que “por cojones” tiene que funcionar.

Y ¿qué sucede cuando fracasas? Enseguida te vienen a la cabeza esas reglas que leíste un buen día, y tratas de establecer una conclusión. Una conclusión rápida que justifique y aclare por qué tu proyecto no tuvo éxito. Pero no siempre es así de fácil la cosa… Ojalá lo fuera, claro. Pero me temo que no siempre se puede entender rápidamente por qué las cosas triunfan o por el contrario, no llegan a buen puerto.

Mi último proyecto no salió como yo esperaba. Piensas en ello, claro. ¿Por qué? ¿Qué pasó? Te pasas horas, días, semanas, meses, haciendo análisis del asunto. Te pones en el punto de vista de tu cliente, contemplas las opciones que barajaste, lo que pudiste y lo que no pudiste hacer según tu circunstancias. Y, aún así, siempre llega alguien que sin preguntarte ni conocer a fondo ni a ti ni tu proyecto, se permite el lujo de darte el típico consejo que leyó en alguna parte y ni siquiera él mismo testó.  “Claro, es que no hiciste eso o aquello que recomienda el gran gurú”. Presión arterial subiendo…

Vamos a ver, esto no es comida rápida. No creo que se puedan establecer conclusiones nada más cagarla. El aprender de los fracasos también es un proceso lento, que llega poco a poco, y que no se puede leer a la ligera. Si fuera tan fácil ya lo hubiéramos visto por el camino probablemente, ¿no?

Ojo con las grandes promesas. Veo necesario que exista un poco de responsabilidad por parte de la gente que tiene voz. Si me das las claves del éxito y me dices que triplicaré ingresos en el próximo año. ¿Qué pasa si hago lo que me dices y el resultado no es el mismo?

Sinceramente, creo que las fórmulas del éxito no siempre son aplicables para todos. Pese a lo mucho que nos gustan. ¡Hombre, claro! Es más fácil seguir un camino ya marcado que ir dando tú mismo los pasos sin ninguna certeza de por dónde pisar. Eso es así. Para mí también, no creáis. Pero, cada vez, estoy más segura de que la única fórmula válida para todos es ir haciendo y haciendo. Parando y analizando cada paso, sí. Pero sin dejar de “hacer”. Lo siento si no es muy espectacular. Si no os convence, podéis buscar un tutorial en youtube.