Hola, soy Pez Papaya, aunque en casa me llaman Carolina. 

Siempre me ha costado definirme, poner en una tarjeta quién era y a qué me dedicaba…

Durante quince años trabajé en mi propio estudio de comunicación. Realizábamos contenidos culturales y corporativos. También fui facilitadora de herramientas creativas en entornos educativos, y directora de contenidos sonoros para distintas plataformas de audio.

Siempre me gustó mi trabajo. Aún así titubeaba cuando me preguntaban qué hacía… Seguramente porque nunca llegué a sentir que lo que tenía entre manos tenía que ver demasiado conmigo misma. En el fondo no me atrevía a dar el paso… De alguna forma sentía que me faltaba algo… Hasta que me di cuenta de lo que realmente necesitaba…

Necesitaba dejar salir mi propia voz.

Empecé poco a poco a trabajar en mis propios proyectos… cuando tenía tiempo… Mejor dicho, cuando no tenía trabajo, ni compromisos sociales ni tareas caseras… Me ponía cuando no me sentía mal “quitándole” tiempo a otras cosas que consideraba más importantes. 

Experimenté con distintos lenguajes expresivos, sobre todo con el audiovisual, seguramente porque yo había estudiado una carrera sobre el tema, y eso, yo creía que me otorgaba cierto permiso para ponerme a jugar con ello. (Me pregunto qué hubiera sucedido si yo no hubiera estudiado ninguna carrera “creativa”…)

“Haciendo” descubrí que me gustaba mucho editar, unir distintas piezas en un principio inconexas que podían terminar formando un puzzle. Navegué, con placer, en el género documental. Primero en vídeo y luego en audio. Podía pasar horas y horas escuchando testimonios, fijándome en sus gestos e inflexiones de voz, contemplando el alma humana. Siempre me ha interesado indagar en el alma humana… Y, seguramente por eso, se me pasó por la cabeza algo de una índole muy distinta para mí: escribir ficción…

… pero esto, destapó mi particular caja de Pandora.

“No soy lo suficientemente creativa”, me decía a mí misma. “No se me ocurre nada que contar”…  Este era mi monólogo interno. Y a veces me sentaba a escribir un relato (que siempre ha sido mi género literario preferido), y lo dejaba incompleto en un cuaderno. “Nunca termino nada”, “No merece la pena intentarlo”… Sin embargo, seguía sintiendo ese hueco. El deseo de escribir mis propias historias estaba ahí, como una sombra incómoda tras todo lo que hacía.

– ¿De verdad no vas a ponerte?

– Es que no se me da bien… Mira qué malo lo que escribí el otro día.

– Ya, pero ¿qué esperas? Escribir algo bueno nada más empezar… 

– A ver… yo creo que no tengo talento. ¿Para qué me voy a poner a hacer algo que no da frutos?

Esas voces internas no se iban, ninguna de las dos. Ni la que me empujaba a intentarlo, ni la que me decía que para qué. Y para bien o para mal, son voces que nunca se han ido. Al final me puse, sí, escribí una serie para niños, escribí una radionovela, escribí varios relatos… Sigo escribiendo y las voces siguen estando ahí. Lo bueno es que me he acostumbrado a mirarlas, y ya no les hago tanto caso.

Dicen que lo único que queda en la caja de Pandora, cuando salen todos los demonios, es la esperanza… Yo creo que en la caja queda una cosa mucho más importante que la esperanza, y es el hecho de sentarse cada día a «hacer» y disfrutar de ello.

Línea a línea.

Pese a las voces, pese a las expectativas, pese a no obtener siempre resultados.

Pez Papaya con telar

Mi tarjeta de visita actual

Si pienso en lo que hago actualmente, quizás de ahí se desprendan algunas etiquetas… 

· Hoy escribo. Me interesan las historias aparentemente pequeñas. Historias en las que tras un peine o una sartén se encuentra una forma de entender la vida. Soy narradora, a veces cuentista, a veces documentalista.

· Hoy produzco narrativas sonoras. Aunque mi fuente de inspiración es el lenguaje audiovisual y literario, en la actualidad juego con el formato podcast. He colaborado con distintas plataformas dirigiendo ficciones sonoras o audiolibros, pero también soy una autora indie. Produzco de forma independiente contenidos sonoros de ficción y no-ficción. Aquí puedes escuchar algunos de mis audios.

· Hoy tejo. Tapices. Trabajo con telares verticales. Por el momento, lo que más me interesa de esta actividad es el proceso, dejar que mis manos hagan, tocar los hilos, elegir colores, empezar una línea y seguir con otra… Como en la escritura. En realidad siento que escribir y tejer son dos actividades bastante parecidas. Soy tejedora.

L

Con el tiempo también me he dado cuenta de que quiero acompañar a otros en sus viajes creativos. A personas, que como a mí, les cuesta darse permiso para ponerse a crear. A personas que también escuchan estas voces… 

· Hoy facilito procesos de creación. Soy coach. Ayudo a todos aquellos que deseen crear algo, ya sea una canción pop, un comic de autoficción, un podcast de terror o un pequeño proyecto online.

A veces pensamos que «sentarnos» a crear significa que tenemos pájaros en la cabeza. No nos damos el permiso de hacerlo… pero si bien es cierto que los pájaros vuelan lejos del suelo… también es cierto que los pájaros tocan las nubes. Sobre todo si se toman a sí mismos en serio, se sientan frente a sus sueños y, cada día, se remangan.

Pez Papaya